PLAN DE VIAJE / 4 JORNADAS

Formentera ofrece más de 30 rutas verdes para descubrir sus asombrosos paisajes

Día 1: Las marismas de flamencos

El primer día que uno llega a Formentera, sea cual sea su destino dentro de la isla, siempre inicia sus rutas desde La Savina, donde está el puerto de llegada. Desde ahí, tendrás acceso a casi cualquier rincón de este paraíso mediterráneo. Déjate llevar por sus diferentes costas, senderos y carreteras que conectan los pueblos, los faros y las playas y podrás abarcar en un solo viaje la más pura esencia de Formentera.

Tu primera mañana en la isla, después de un buen desayuno junto al puerto de La Savina. Allí encontrarás numerosos restaurantes, como el Café del Lago, famoso precisamente por sus desayunos completos y su ambiente agradable a cualquier hora del día. Desde la zona portuaria toma el indicador del Circuito Verde que te llevará a descubrir lagunas, humedales, calas secretas y a observar las aves que habitan la isla mientras recorres una ruta de unos 85 minutos a pie (30 minutos, si la haces en bicicleta).

Nada más empezar a caminar, podrás disfrutar con detalle del paisaje de Las Salinas de Formentera, de sus peculiares colores rosados, su vegetación y su fauna, así como de la belleza de sus aguas costeras. La sal de Formentera, conocida en todo el mundo por sus propiedades y su procesado artesanal, fue antiguamente la principal industria de la isla y aún hoy en día representa uno de sus productos más destacados y apreciados.
Paso a paso, a tu espalda, verás el llamado Estany del Peix y delante de ti la laguna del Estany Pudent.

Esta zona húmeda de la isla es el punto perfecto para la observación de las aves más vistosas que visitan Formentera: los flamencos. Junto a ellos, verás garzas imperieales, patos de mil formas y colores, cormoranes, gaviotas… Sigue por el llamado Camí dels Brolls, entre cáñamos y juncos, y disfruta de la estampa de placidez y armonía que brinda el gran lago natural, fruto de las aguas subterráneas que brotan en este terreno convirtiéndolo todo en una marisma de postal.

Como no todo va a ser naturaleza en este primer día en Formentera, toma el acceso que la ruta verde te propone hacia Els Pujols, al final del recorrido, y regálate una buena comida con vistas al mar y al islote dels Fonolls (hinojos) antes de hacer el camino de regreso.

Els Pujols es una zona muy recomendable por su gran variedad gastronómica y de servicios. Aquí está la única playa urbana de toda la isla y se puede disfrutar de un apacible almuerzo, una tarde de cócteles, una cena romántica y una noche de fiesta sin caer en el aburrimiento. El ambiente es siempre animado pero sin perder la esencia de paz que lo inunda todo en Formentera.


Día 2: La Formentera hippie
Tu segundo día en Formentera empieza en el centro de la isla, en el pueblo de Sant Ferran de les Roques, símbolo del espíritu hippie que reinó en la isla durante los años sesenta. Sus casas tradicionales de ese blanco luminoso tan características de las Pitiüses hablan de la Formentera más rural y auténtica y, en su plaza, todavía hoy se reúnen grupos de jóvenes y adultos para divertirse tomando algo, tocando una batucada o asistiendo a uno de los múltiples eventos culturales que se celebran aquí durante todo el año.

Antes de iniciar la ruta del día, aprovecha para conocer mejor el pueblo: visita su iglesia en la plaza central, date un salto por el taller de guitarras por el que han pasado personajes como Pink Floyd o Chris Rea y regálate un buen desayuno en alguna de sus terrazas más típicas: unas tostadas con tomate y aceite, queso o jamón, zumo natural y café. Tómatelo con toda la calma del mundo porque el camino de hoy tiene como meta la zona de El Ca Marí y solo te llevará 30 minutos a pie o 10 minutos, si prefieres hacerlo en bicicleta.

A medida que avances por el sendero en dirección a la playa de El Migjorn, podrás observar la imagen más representativa de la Formentera agrícola. Los colores arenosos y terracota contrastan con los azules intensos del cielo, los muros artesanales de piedra seca (un modelo de construcción autóctono de Baleares que sirve para separar lindes y marcar rutas), las fincas de sabinas y los pinos al borde del camino crean un marco perfecto para la contemplación y la meditación en plena naturaleza.

Si eres un amante de la espeleología, estás de suerte porque, poco después de salir del centro de Sant Ferran, tendrás la posibilidad de visitar una de las cuevas mejor conservadas de Formentera: La Cova d'en Xeroni, una enorme caverna milenaria (se cree que de unos 3 millones de años), con cientos de estalagmitas y estalactitas formadas por el paso del tiempo y los efectos de la humedad salina sobre la piedra caliza típica de esta zona.

Otro de los monumentos que encontrarás en tu camino se ve a simple vista. Se trata de la torre de defensa El Pi del Català, una de las cuatro que hay repartidas en puntos estratégicos de la isla. Este torreón junto al mar ofrece unas vistas espectaculares de toda la costa del Migjorn, algo vital en la época en la que eran tan frecuentes los ataques piratas que saqueaban los pueblos de la isla. Desde la torre se puede ver su casi gemela, la torre del Cap.

Aunque el destino de hoy es concretamente la playa de Ca Marí, la zona de Migjorn en la que se enmarca es una de las que aglutina playas más bonitas y tranquilas: la de El Codol, la playa del Vogamarí, la de El Copinar y, al fondo, la de Caló del Mort. Así que, si te quedas con ganas de seguir paseando, no lo dudes, un recorrido por este litoral del sur de Formentera te llevará por alguno de los chiringuitos más famosos de la isla en los que además de comer podrás tomarte un delicioso cóctel antes de regresar a casa. Recuerda que desde estas costas, la puesta de sol es memorable.


Día 3:  La isla roja

Azules turquesa, amarillos, dorado, verdes, ocres y plata. En este tercer día de estancia en Formentera te proponemos un viaje por la paleta de colores de Formentera, por sus paisajes más sorprendentes y auténticos. Y con una sorpresa final que te espera en Cala Saona, la playa desde la que disfrutarás de una puesta de sol inolvidable. De esas que dicen "de postal".

Lo ideal es iniciar la ruta desde La Savina y calcular un trayecto completo de 30 minutos a pie o unos 35 minutos, si te animas a hacerla en bicicleta. Pasarás por uno de los parajes de la Formentera profunda más bellos, Portossaler, y podrás recrearte pasando un rato en el emblemático Estany del Peix y su playa de arena y fango. Este estanque, como verás, es una especie de lago natural salado en el que se permite el fondeo y la navegación de pequeñas embarcaciones, las aguas son muy tranquilas y están protegidas del viento y las corrientes, por lo que no deberías dejar pasar la oportunidad de alquilar un kayak y poder ver la isla desde el mar.

La playa de  el Estany del Peix se abre al Mediterráneo a través de un estrecho que los locales denominan La Boca, un capricho natural que no encontrarás en ninguna otra isla de Baleares. El arenal es extenso porque cubre toda la zona que va desde el brazo izquierdo del puerto de La Savina hasta el Caló de l'Oli. En todo ese territorio verás que además de la gran playa hay pequeñas calas en las que descansar y resguardarse. Muchos habituales, de hecho, acuden a estas playas para practicar nudismo y alejarse de los circuitos turísticos más frecuentados.

Una vez terminado el paseo por el Estany del Peix, sumérgete de nuevo en la Formentera rural, por senderos rodeados de sabinas, de casitas blancas y de muretes de piedra seca. Tras una breve caminata llegarás a Cala Saona, un lugar lleno de colorido que contrasta con todo el paisaje típico de Formentera. Aquí, los acantilados son bajos, como construidos en láminas sobre el mar, y todos presentan un color rojizo intenso que rompe con la monotonía de verdes y azules turquesa que verás en el resto de la isla. Un espectáculo digno de mil fotografías.

Dado que la ruta te llevará toda la mañana, cuando aterrices en Cala Saona será una hora perfecta para comer algo en el restaurante que encontrarás en la misma playa. Aprovecha el sol y date un baño en sus aguas cristalinas, haz una siesta y termina la tarde admirando el ocaso desde el bar que encontrarás en una de las zonas de acantilados de la playa.

Día 4: Un baño de naturaleza 

El último sendero que te proponemos recorrer en Formentera te llevará al gran pulmón verde de la isla donde dicen que está uno de sus parajes más asombrosos: las piscinas naturales de Can Marroig, conocidas entre los locales como Les piscinetes. En esta finca, ubicada al oeste del Estany del Peix y un poco más allá del Caló de l'Oli, encontrarás el Centro de Interpretación del parque natural de Les Salines, de una riqueza medioambiental única en el Mediterráneo.

Tratándose de una reserva natural con una política de conservación muy estricta, debes seguir las rutas señalizadas y no desviarte sin rumbo ya que el ecosistema de Les Salines es muy rico pero muy débil. La de La Pedrera es la más famosa y te permitirá recorrer toda la zona desde La Savina hasta la Punta de la Gavina, cuya torre La Gavina pondrá punto final al camino de hoy.

Para empezar el día con energía, desayuna fuerte y prepárate un picnic para llevar en la mochila: pasarás toda la jornada rodeado de naturaleza en su estado más puro, lejos de todo tipo de servicios típicos de las zonas más turísticas y envuelto en un paisaje que te transformará por completo. La zona de Can Marroig es una mezcla de vegetación clásica pitiusa y parajes áridos, de grandes suelos de piedra de la que antiguamente se extraía el marés que se puede ver en la mayoría de las construcciones de la isla.

Entre estas zonas más pedregosas, que te darán la sensación de caminar sobre la superficie de la luna, destaca especialmente el área que ocupan Les piscinetes, en Punta Pedrera. Estas piscinas naturales son el resultado del Mediterráneo entrando en las láminas irregulares de la costa de Can Marroig, formando pequeñas charcas en las que el agua se estanca y se calienta bajo el sol formando lo que muchos consideran un balneario natural.

Aquí, en Punta Pedrera, después de una caminata relajada admirando el paisaje, podrás quedarte a disfrutar del día. Sí, un día entero en medio de la naturaleza y sin mirar el reloj: darte un baño en las piscinas, comer algo, leer al sol, echar una siesta con el murmullo del mar contra las rocas, contemplar la fauna que habita estos parajes del parque, admirar El Vedrà desde los acantilados, practicar snorkel y descubrir sus fondos marinos, las cuevas submarinas que se esconden en sus costas…

A la hora de la puesta de sol acércate a la zona de la torre La Gavina, que ofrece unas panorámicas excepcionales de este litoral escarpado de aguas cristalinas y horizonte infinito. Dicen los lugareños que, además, en los días muy claros, sin nubes ni brumas, se puede ver todo el perfil de la costa de la península que cae justo frente a las aguas de Formentera. Después del atardecer, vuelve a La Savina con las últimas luces sobre el horizonte y disfruta de una cena tradicional en los restaurantes más típicos: te quedan pocas horas en Formentera y tienes que exprimirlas al máximo.