Ruta de los Molinos

Molinos de viento por cuyas muelas pasaba la mayor parte del cereal cosechado en Formentera

“El pueblo con cuatro casitas y, más arriba, unos molinos; molinos donde la vela espera, entre los ocho vientos, cual llegará a moler el escaso grano que te dio nombre, Formentera” (del poema “Formentera”, de Marià Villangómez).

Aunque los filólogos cada vez están más de acuerdo en descartar que el nombre de Formentera provenga de frumentus, trigo en latín, la aridez de la isla no permite casi otros cultivos herbáceos, de manera que la mayoría de campos de la isla se dedican al cereal. La conversión de las duras semillas en materia comestible pasa por varios estadios. Entre ellos, la molienda es principal. La ausencia de cursos de agua descarta la existencia de molinos harineros hidráulicos. Existen algunos movidos por animales, llamados “de sangre”, y muchos pequeños molinos de mano, uno en cada casa tradicional. Destacan, entre todos estos ingenios de convertir grano en harina, los molinos de viento, siempre fascinantes. En el altozano que domina el pueblo de Sant Francesc Xavier por el oeste, llamado Sa Mirada o Sa Miranda, se levantaron, al principio del siglo XIX, dos molinos: el Molí d'en Mateu y el Molí d'en Jeroni, que funcionaron hasta poco después de la Guerra Civil.

Los seis molinos de viento de Formentera están incluidos en el Catálogo del patrimonio cultural de Formentera.