La conquista de Ciutadella

La herencia británica de Menorca sigue presente en su lenguaje, su cocina y paisajes

Día 1: La antigua capital
Nuestro primer día en Menorca nos llevará a través de la historia de una de las principales ciudades de la isla. La eterna capital en la sombra. La bella y callada Ciutadella. Un lugar en el que cada piedra, cada calle y cada amarre de su puerto guarda mil secretos de batallas y conquistas.

Puede que muchos piensen que Mahón ha sido siempre la gran capital de Menorca que es hoy en día. Pero su mandato es, sin embargo, relativamente reciente: durante siglos, hasta la llegada de los británicos a la isla, a principios de 1700, era Ciutadella el gran núcleo desde el cual se gobernaba toda Menorca. Relegada a un segundo plano con la llegada de los ingleses, la civitavella de Alfonso III perdió su influencia y el esplendor que hoy en día vuelve a lucir.

Empezar el día en la famosa plaza Dels Pins, con su agradable parque y el ayuntamiento a un lado, es casi un ritual. En todo este entorno, que abre camino hacia el centro histórico de la ciudad, encontrarás decenas de terrazas para poder saborear un desayuno típicamente menorquín, envuelto en el frescor de las mañanas de primavera.

Con un buen café y un trozo de greixera dolça (el pudin inglés), empezarás a descubrir la huella que el imperio británico dejó en la isla y podrás descifrar qué fue lo que se encontraron al llegar a Menorca, después de que este territorio insular les fuera concedido en el Tratado de Utrecht.

Paseando por el centro de la vieja capital, podrás observar uno de los legados de los ingleses más comunes y útiles: las boinders (bow windows) que se pueden ver en todas las casas tradicionales de Menorca. Muchos visitantes creen que son autóctonas pero, realmente, son un sello del imperio que los locales incorporaron a sus técnicas de construcción de viviendas.

Caminando llegarás al Museo Municipal de Ciutadella, que se encuentra en la plaza de La Font, junto al torrent Dels Horts. En él, podrás descubrir a través de su exposición permanente, cómo era esta ciudad mediterránea en la prehistoria, durante toda su etapa musulmana y cómo se convirtió en gran capital bajo el mandato de Alfonso III.

Después de visitar el museo, aprovechando que estás en el casco antiguo de Ciutadella, quédate a comer allí. La zona de las calles de Les Voltes (la famosa calle de las arcadas) está llena de restaurantes, bares y tabernas típicas en los que disfrutar de la cocina de Menorca más variada. Ambas calles están en los alrededores de la gran Catedral de Menorca en Ciutadella, que merece sin duda un alto en el camino pues es uno de los templos más bonitos de toda la isla.

Para la sobremesa, no dejes de acercarte a la plaza Del Born y tomarte un gin Xoriguer. La pasión por la ginebra es uno de los detalles puramente ingleses más arraigados entre los menorquines y en este lugar concreto de Ciutadella se convierte en una auténtica delicia: tendrás unas excelentes vistas del puerto y podrás contemplar el obelisco dedicado al almirante turco Pialí.

Para pasar la tarde, deja el centro de la ciudad y recorre sus alrededores. De la etapa inglesa, en el centro de Ciutadella encontrarás pocos monumentos porque esta antigua capital menorquina era para ellos poco más que el símbolo de imperios pasados. Los británicos quisieron cambiar cualquier memoria anterior a su llegada y eligieron Mahón, en la otra punta de la isla, para asentarse y crecer. Pero no se olvidaron de la hermosa y tradicional Ciutadella y, cuando llegó la hora de defender la isla de las amenazas napoleónicas, construyeron junto al magnífico castillo de Sant Nicolau la torre Dels Castellar, la única de las once que construyeron en toda Menorca que tiene su acceso bajo tierra.

Desde la torre Dels Castellar podrás ver todo aquello que los británicos ansiaban tanto proteger: la hermosa Cala Santandria, el castillo, el puerto y la capital. Si vas bien de tiempo y tienes coche, visita algunas de las playas más destacadas de Ciutadella, más allá del faro de Artrutx. Cala d'en Bosch, Son Xoriguer, Cala Macarella y Macarelleta, El Tailer…  Ahora en primavera todas están perfectas para un baño antes de caer el sol, prácticamente sin gente y con las aguas limpísimas.


Día 2: La nueva capital
Después de haberte sumergido en la historia prebritánica de Menorca a través de las maravillas que ofrece Ciutadella, ha llegado el momento de destapar los secretos del imperio inglés durante esta segunda jornada en la isla. Dado que los británicos trasladaron la capitalidad de Ciutadella a Mahón nada más hacerse con el territorio insular, este segundo día empezará precisamente en la que sigue siendo la capital de Menorca.

Activa tu imaginación y despierta todos tus sentidos. Amanecerás directamente en el siglo XVIII y comenzarás a encontrarte lugares que parecen de película. Uno de los primeros puntos de la isla donde verás realmente la Menorca británica es el Camí d'en Kane, un camino que los ingleses abrieron al llegar a la isla y que se encuentra en su centro, entre El Mercadal, El Toro y Mahón. Esta obra fue una de las muchas que realizaron y de las cuales se beneficiaron los locales.

También secaron algunos humedales (hoy algo impensable en una isla que está declarada Reserva de la Biosfera por la UNESCO) y los transformaron en zonas de cultivo, con el objetivo de frenar la propagación de enfermedades a las que tanto contribuían por entonces estas áreas húmedas.

Antes de dirigirte a Mahón, visita Fornells y su bonita cala aprovechando la luz de uno de los amaneceres más hermosos de los que se pueden disfrutar en la isla. Allí está la torre de Fornells, con el cabo Cavalleria al fondo y, desde allí, podrás recorrer el litoral hasta el Parc Natural de L'Albufera del Grau, donde está la torre Rambla y donde se te pasará la mañana sin darte cuenta, recorriendo los senderos, admirando las lagunas y observando la flora y la fauna de este rincón natural único.

A la hora de comer, pon dirección a Mahón. A orillas de su puerto, que los británicos convirtieron en uno de los más importantes del Mediterráneo, encontrarás numerosos restaurantes en los que los productos del mar son los protagonistas. No dejes de probar la caldereta de langosta, el plato típico más famoso de Menorca y, si quieres algo típicamente inglés, opta por alguna receta a base de caldo de carne (brou de xenc) pues es uno de los elementos culinarios de su legado.

Si estás en una mesa y escuchas a algún local pedir unos piquéis, tienes que saber que se trata de los clásicos pepinillos y que los habitantes de la isla adaptaron la voz inglesa pickles que aún siguen usando hoy. Algo parecido sucede cuando cuentan joques en lugar de chistes o los críos juegan al pilla-pilla y gritan faitim (fight him).

Paseando por Mahón durante la tarde, acércate al castillo de San Felipe, famoso por haber sido construido para defender la isla del ataque de Barbarroja. Hoy en día solo se pueden ver sus galerías subterráneas que son una verdadera joya de arquitectura defensiva. Otra zona militar de gran calado que se puede ver en la capital es la fortaleza de Isabel II, La Mola. Aunque la mayoría de lo que hoy se puede ver allí lo construyeron españoles, los ingleses levantaron dos torres: la de La Princesa (Erskine) y Sant Clair en Cala Teulera. Otra gran torre es la de Stuart, que se encargaba de la protección del puerto de Mahón.

El islote Illa del Rei es otra parada obligada dentro de la ruta de la Menorca británica pues se trata del hospital militar más completo y que más ha estado en funcionamiento dentro de las aguas del Mediterráneo. Ellos la llamaban Bloddy Island.

Si sigues el rastro, muy cerca encontrarás otra joya de la corona. La gran fortificación defensiva inglesa que ha marcado Menorca y su capital desde entonces que, a pesar del paso del tiempo, sigue en pie: el famoso fuerte Marlborough. Este espectacular lugar está ubicado en la zona de El Castell, en la conocida Cala de Sant Esteve y excavado en la roca, cerca del puerto mahonés.

Cerca de allí, para descansar de tanta historia y legado militar, la zona de Calesfonts, que fue un antiguo y tranquilo rincón de pescadores que, actualmente, concentra algunos de los bares y restaurantes más concurridos de Mahón. Lo que te llamará la atención es que todas sus tabernas están abiertas en lo que antes eran los barracones y almacenes de los pescadores. Y te encantará por su ambiente típicamente mediterráneo, relajado y escondido junto al mar donde podrás disfrutar de una deliciosa cena y unas copas en el mejor ambiente nocturno de Menorca.