Mallorca, la isla del fuego

Prepárate para celebrar el invierno entre hogueras, "dimonis" y batucadas.

El invierno en Mallorca es todo lo contrario a lo que uno se espera. Porque en esta época la isla, además de ser la tierra que George Sand quiso inmortalizar como “la verde Helvecia”, ofrece una oportunidad única de descubrir la auténtica esencia de su historia y sus gentes al calor del fuego. Toda la magia ocurre entre el 15 y el 20 de enero, cuando las tradiciones y las rarezas más arraigadas de la isla salen a la calle en forma de hogueras, dimonis y cenas a la luz de la luna.

Los foguerons (hogueras) de Manacor
La principal ciudad del este de Mallorca enciende la llama del invierno en el Mediterráneo con las celebraciones de Sant Antoni.
La segunda quincena de enero es el momento en el que estallan los fuegos artificiales del invierno. Una época perfecta para combinar unos días de diversión, buena gastronomía y cultura popular en Manacor, donde no faltan los foguerons (hogueras) ni las beneïdes (bendiciones).

La fiesta de Sant Antoni se celebra en Manacor y en los pueblos de esta zona la víspera del 16 de enero, día en que se encienden decenas de hogueras. Los vecinos salen a la calle para bailar y brindar y unos de los actos más aplaudidos son la colcada (cabalgata) y las beneïdes del ganado.

Cada año, la gente se reúne en la plaza del Ayuntamiento para la repicada general y el gran baile en honor del santo, una oportunidad de oro para disfrutar de una muestra auténtica del ball de bot tradicional.

Posteriormente, se suele celebrar un concurso de foguerons y, ya por la tarde, llega el momento de la cabalgata y el encendido del primer fogueró. Las beneïdes se hacen habitualmente al día siguiente (17 de enero), junto a la iglesia.


Los dimonis conquistan Artà
El acto más popular de las grandes fiestas de Sant Antoni que se celebran en la localidad es el ball del dimoni.
Artà se convierte en un gran teatro al aire libre cada mes de enero coincidiendo con los festejos de Sant Antoni. Todos los vecinos se dan cita en las calles y plazas vestidos con camisa blanca y pañuelo rojo y danzan al son de tambores, palos y cencerros que llevan los tradicionales dimonis.

La fiesta de Sant Antoni en Artà se celebra el 16 de enero. Los vecinos honran a su patrón con actos litúrgicos y con pasacalles tradicionales que se conocen como correfocs, con los dimonis corriendo de esquina a esquina con antorchas encendidas y utensilios de labranza convertidos en estandartes.

Los dimonis de Artà llevan una vestimenta muy peculiar: monos negros con dibujos con pintura blanca de un esqueleto humano y una gran careta que cubre la cabeza del que la lleva por completo, con unos cuernos de grandes dimensiones que imitan al macho cabrío.

Todos estos demonios recorren las principales calles de Artà asustando a quienes encuentran a su paso para llegar finalmente a la plaza del pueblo donde ponen en práctica su famoso ball del dimoni, rodeados y envalentonados por el resto de la gente.


La ballada dels gegants (gigantes) en Muro
La plaza del Convent es el punto neurálgico de los actos de Sant Antoni, cada 16 de enero.
El pueblo de Muro, pequeño y acogedor, conserva una de las fiestas con más elementos tradicionales: dimonis recorriendo las calles, xeremiers (chirimías) y conciertos de la banda de música municipal, caparrots (cabezudos) y, por supuesto, sus típicos gegants.

El Sant Antoni de Muro es uno de los menos concurridos y más clásicos. Allí te esperan la famosa ballada dels gegants frente al edificio del Ayuntamiento, acto que deriva en la revetla (vigilia) central, con el encendido de foguerons, los correfocs de dimonis y las torrades (barbacoas) en plena calle.

Las cenas entre vecinos son la principal atracción para el que visita Mallorca por primera vez y desconoce esta curiosa costumbre: las familias de la misma calle se dan cita para comer juntos al aire libre y al calor de las hogueras.

Muchos abren también sus mesas al visitante y esa es la mejor oportunidad de probar los platos más auténticos de la festividad de Sant Antoni, desde la deliciosa espinagada hasta el típico pa amb oli de lomo, la sobrasada y los botifarrons a la brasa.


El imprescindible Sant Antoni de La Pobla

Los fuegos artificiales que se organizan cada año en la plaza mayor son los más famosos de Mallorca.
Si hablamos de un itinerario por la Mallorca del fuego, podemos prescindir de casi todo menos de una parada concreta: la de Sant Antoni de La Pobla, en la que se combinan música tradicional, bailes de dimonis, espectáculos piromusicales y torrades populares en plena calle.

En La Pobla es donde uno se sacude el invierno de un plumazo celebrando una de las fiestas de fuego más famosas de Mallorca: la gran fiesta de Sant Antoni, a la que acuden cientos y cientos de mallorquines y curiosos para disfrutar de sus foguerons, sus torrades, los desfiles y los pasacalles.

Los dimonis llenan las calles al anochecer durante días sorprendiendo a todo el que encuentran en ellas con sus tambores, estandartes, caretas con cuernos y palos envueltos en fuego. El correfoc principal se realiza cada año con gran expectación desde el Ayuntamiento hasta la iglesia.

Pero la gran traca final de la fiesta de Sant Antoni en La Pobla —después de las tradicionales beneïdes de ganado y animales de compañía, los diversos actos litúrgicos y los correfocs— es el festival de fuegos artificiales que tiene lugar de noche bajo el cielo de la plaza mayor del pueblo.


La Nit de Sant Sebastià
Palma se transforma para celebrar su noche de música y fuego, la fiesta más importante del año para los palmesanos.
Palma celebra su gran día del año el 20 de enero, así, en pleno invierno y saliendo a la calle en multitud. Pero la fiesta comienza antes, generalmente con una semana de antelación, con actividades para niños y adultos por toda la ciudad.

La fiesta mayor de Palma, cuando la ciudad se transforma entre el humo de las torrades y la música, se celebra la noche del 19 al 20 de enero. Esta noche mágica el Ayuntamiento coloca en cada plaza y en las principales calles de la capital parrillas ante las cuales vecinos y visitantes se agolpan con sus cestas llenas de carne, embutidos y verduras para hacerlos a las brasas.

El ambiente por toda la ciudad es pura diversión y en cada plaza se pueden ver los juegos de luces y sombras del fuego de las hogueras y bailar al son de conciertos de grupos de música locales y nacionales.

En cada rincón, al caer el sol, encontrarás gente de todas las edades, desde niños pequeños hasta gente mayor, que acuden en masa a la calle o plaza elegida para torrar su cena, bailar, reír y compartir una noche diferente.

Puntos del itinerario