Descubriendo la isla blanca

Más allá de carácter mediterráneo, la isla de Ibiza se convierte en un hermoso remanso de paz en tonos blancos

Plan de viaje: 3 Jornadas

Día 1: De Eivissa a Santa Eulària des Riu, un paseo por la esencia de la isla
Cuando los días empiezan a ser más largos y cuando el Mediterráneo recupera su esencia turquesa, es cuando comienza a florecer de nuevo la magia en la isla de Ibiza. Frenética en verano y remanso de paz en invierno, la isla alcanza su perfecto equilibrio con los primeros rayos de sol del mes de marzo.

Tu viaje por Ibiza dará comienzo justo en este punto y en esta estación. Una ruta sensorial y cultural que nos muestra esa esencia blanca, pura, tradicional y auténtica que da sentido a la isla, a sus casas pageses e incluso a su naturaleza. ¿El punto de partida de este viaje por la isla blanca?: Eivissa y Santa Eulària del Riu.

Llegados al puerto o al aeropuerto de Ibiza y una vez instalados en la capital por unas horas, basta con un simple vistazo para comprobar que la ciudad de Eivissa no es un pueblo blanco en su totalidad. Pese a tomar esta evidencia como máxima, hemos elegido esta localización como punto de partida ya que en ella —y gracias a los museos y centros de arte que toman forma en Dalt Vila— podrás entender la historia más primaria de la isla y también su evolución arquitectónica.

Como haría un local, la ruta comenzará en la plaza de la Vila (en la ciudad vieja) con un desayuno a base de café ecológico y de orelletes recién hechas (el dulce estrella de Ibiza). Con el estómago lleno de sabor local y con las baterías de la cámara de fotos al máximo, toca recorrer las calles de Dalt Vila para detenerte en algunos de sus principales museos y centros de arte. ¿El más destacado para conocer el pasado rural de la isla? El Museo Puget, un centro de arte ubicado en la calle de Sant Ciriac en el que ver, en forma de pintura, el lado más auténtico, blanco y tradicional de Ibiza.

Recorrida la ciudad vieja y tras disfrutar de un más que recomendable paseo por la Marina de Ibiza  —una ruta en la que podrás ver cómo se realizan las prendas de la moda AdLib, la moda blanca tradicional de Ia isla— pondrás rumbo a tu siguiente destino en este primer día de viaje ibicenco: Santa Eulària del Riu.

Ubicado a unos siete kilómetros de la capital y con el mar Mediterráneo como telón de fondo, Santa Eulària no solo te mostrará parte de esas níveas construcciones rurales que han dado fama a Ibiza, sino que te llevará a puntos realmente interesantes como El Puig de Misa, en la zona alta de la ciudad. En esta visita, además de conocer el lado más tradicional de Santa Eulària, podrás disfrutar de unas panorámicas realmente únicas y altamente fotografiables.

Día 2: La ruta de los pueblos blancos, Santa Gertrudis y Sant Carles
Parte de la esencia blanca de Ibiza tiene su origen, como decimos, en las construcciones rurales, un tipo de edificación cuyo origen se remonta a la época musulmana del archipiélago. Aunque estas casas pageses (comunes también en otros destinos como Grecia o Túnez) están repartidas por muchos puntos de Ibiza, es en la zona interior de la isla donde adquieren un extra de carácter y personalidad. ¿Los puntos destacados en este segundo día de ruta por Ibiza? Los pueblos de Santa Gertrudis y Sant Carles, dos joyas rurales de la isla ubicadas en el el corazón de su geografía.

Ubicado a unos nueve kilómetros de la capital y a unos ocho del centro de Santa Eulària del Riu toma forma el que es uno de los pueblos blancos más bonitos de Ibiza: Santa Gertrudis de Fruitera. Este pueblo formado por la agrupación de numerosas casitas blancas es esencia ibicenca pura y tradición rural al natural.

Por sus calles, además de disfrutar de su belleza blanca, de su tranquilidad, de sus rincones y sus populares tiendas de artesanía y centros de arte (como el popular Libro Azul), podrás probar el lado gastronómico más auténtico de la isla en lugares como el famoso Bar Costa. Un bar ubicado en la plaza principal de Santa Gertrudis y que adquirió fama en el pasado por ser el punto de encuentro de los artistas hippies de la isla que comían a cambio de sus cuadros.

Antes de que caiga la tarde y después de caminar y almorzar por las bonitas calles de este pueblo del interior de Ibiza, puedes continuar tu expedición por otro de los núcleos urbanos de interior más auténticos de Ibiza: Sant Carles de Peralta.

Más allá de su ubicación, de su campanario del año 1700 y de su tranquilidad, Sant Carles de Peralta (ubicado a unos dieciocho kilómetros de la capital) es un destino tradicional lleno de casitas blancas en el que la tranquilidad es la dueña y por el que pasear es una auténtica delicia. Así, tras ubicarte en el centro de la ciudad, la visita tradicional te llevará a disfrutar de sus muchas casas pageses, de su entorno natural y de sus vistas.

Uno de los platos fuertes de Sant Carles de Peralta es el famoso mercadillo hippie de Las Dalias, una visita obligada y la mejor forma de conocer el lado boho chic más entrañable de la isla.

Ubicado a menos de medio quilómetro del centro de su núcleo rural, este mercadillo es conocido en todo el mundo por la calidad de todo aquello que venden los artesanos. De vestidos a joyería pasando por cajas de madera, zapatos y un largo etcétera, disfrutar de una visita de algunas horas por su recinto es una experiencia más que recomendable.

Día 3: El espectáculo de los almendros en el Valle de Santa Agnès
Aunque muchos dirían que el principal espectáculo natural de Ibiza tiene lugar en los famosos atardeceres que atraen a miles de turistas durante los meses de verano, lo cierto es que la isla esconde en su interior una experiencia natural única que solo se puede disfrutar en los meses de enero y febrero. Sí, nos referimos al espectáculo de los almendros en flor, un episodio natural de varias semanas que tiene lugar en la idílica zona del valle de Santa Agnès.

Elegir el valle de Santa Agnès como última ruta por esa Ibiza blanca que llena catálogos y postales es algo más que un acierto. Y es que, conocido como el Valle de la Calma, el lugar protege con uñas y dientes esa autenticidad natural tan propia de la isla.

Para disfrutar de la experiencia de ver florecer los almendros tendrás que cubrir los poco más de diecisiete kilómetros que separan la capital con el valle de Santa Agnès, ubicado en el noroeste de Ibiza. Una vez que tengas localizado este punto de interés, natural te recomendamos que pongas rumbo directo al bucólico pueblecito de Santa Agnès.

Abrigado por altísimas colinas, con un entorno natural único y con una esencia rural mágica (en la que no faltan hileras y más hileras de casas pageses con sus tradicionales tonos blancos), el pueblo de Santa Agnès te regalará una visión única de Corona, un inmenso valle repleto de prados verdes y de almendros en flor. Una experiencia que puedes disfrutar como nunca a primera hora del día  y que te regalará panorámicas únicas teñidas de tonos blancos y rosa palo.

Una vez que te hayas impregnado de este espectáculo natural, te recomendamos que no te vayas de Santa Agnès sin probar bocado en el popular restaurante Can Cosmi, un centro gastronómico que se caracteriza por hacer unas tortillas de patatas realmente buenas.

Ninguna vista al noroeste de Ibiza debería terminar sin una parada en La Penya Esbarrada. Esta zona alta a la que llegarás en pocos minutos desde EL Pla de Corona te acercará a la que es sin duda la mejor puesta de sol de todo el territorio ibicenco.